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El Cambio de Paradigmas por Fabio Celnikier

Estamos al borde de una gran revolución médica. Atravesando los umbrales que nos llevan a una medicina distinta y personalizada basada en nuestra propia base de datos genéticos y epigenéticos.

Me refiero a una gran revolución de paradigmas, como lo señalara Thomas S. Kuhn en su momento, con todos los prejuicios y miedos a lo nuevo y desconocido que tal situación genera. Con un sentido humano profundo y trascendente, ponemos pie en una nueva revolución paradigmática. Es un cambio sin precedentes respecto a los modos de entender la salud y la enfermedad, las lesiones traumáticas, el embarazo, el desarrollo prenatal y posnatal, y el envejecimiento.

La idea de que ya no somos más víctimas de nuestros genes sino que tenemos una responsabilidad para con ellos y para con los de nuestras generaciones futuras es un cambio importante en nuestra visión de la persona.

Ser buenos artesanos con nuestras ciencias y certeros en nuestras intervenciones profesionales será un desafío médico que deberemos afrontar en años venideros; Y para tal fin iremos abandonando reduccionismos deterministas, y nos introduciremos a un conocimiento multidimensional más flexible y a la vez sumamente complejo. El fenómeno epigenético tiene un impacto directo en nuestro modo de concebirnos y entender el mundo y por ello estaremos en busca del equilibrio entre el sentido humanístico de nuestra labor diaria y los conocimientos más sorprendentes que nos dan disciplinas diversas como la genética, la epigenética, la proteómica, la transcriptómica, la neuroplastología, la física cuántica y la psiconeuroinmunoendocrinología, entre otras vertientes de la ciencia.

Iremos entendiendo el profundo sentido de lo humano desde una perspectiva multidimensional e integrativa, incluyendo vertientes científicas como las antedichas, y hasta los senderos espirituales, que de modo interactivo, conforman la totalidad humana.

Además, nuestros conceptos acerca de la herencia han dado un giro rotundo porque las franjas sombrías de los dispositivos de la herencia inician una revolución epistemológica sin precedentes.

En relación a la psiconeuroinmunoendocrinología y su relación con la epigenética, se ha escrito sobre la incidencia del entorno y de los vínculos tempranos, en especial el ambiente familiar y luego social, como factores propiciadores de un desarrollo psicofisiológico saludable o vulnerable, y como factores facilitadores de expresión de predisposiciones genéticas o adquiridas a endofenotipos vulnerables. Pero tal vez al comenzar, personalmente, a vincular tales tópicos entre sí, y respetando el marco de la consiliencia, el entrelazamiento se nos torna mas que obvio.
La hiperactivación crónica de determinados circuitos genera una hipersensibilidad a reactivar esas respuestas ante futuros estímulos. De esta forma las experiencias anteriores oficiarán como facilitaciones de respuestas posteriores. Experiencias tempranas nocivas crónicas, generan una carga alostática por abuso de los sistemas de alostasis y un “fenotipo vulnerable CRH” con facilitación a la expresión de este gen e hipersensibilidad del eje Hipolálamo-Hipófiso–Adrenal.

El Proyecto Genoma Humano no alcanzó por sí mismo a develarlo todo, ya lo sabemos. No alcanzó por si solo a respondernos quienes somos, como funcionamos, como y porqué nos enfermamos, y como podemos curarnos. El tal esperado manual con todos los genes para construir un ser humano no explicó mas allá de cierto porcentaje de lo que realmente necesitamos saber. Ese “Santo Grial” que era la Secuenciación completa del genoma humano fue importante de hallar, pero nada suficiente.

La gran revolución científica del siglo pasado tuvo que esperar a las nociones de la epigenómica para cerrar un círculo y abrir miles de preguntas y caminos. Grandes “Leyes Centrales” de la biología han caído, como caen tantas veces las ideologías y los imperios.

En este camino emprendido, que implica al cambio de paradigmas mencionado, podremos entender la trascendencia transgeneracional. El legado de nuestros genes desde nuestros bisabuelos hasta nosotros y desde nosotros hacia nuestros nietos y hasta bisnietos, como nunca lo habíamos registrado con nuestras humanas mentes.

“La trascendencia humana es multidimensional, y no solo una metáfora, una esperanza, o una cuestión limitada a lo filosófico o psicológico”.

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